«Sin amor» (Loveless), de Andrey Zvyagintsev

1.La globalización no es una leyenda urbana,
mis queridos escépticos. Moscú y los moscovitas podrían ser Londres o
Barcelona.  Mismas casas, mismos enganches al móvil. Mismas depilaciones
brasileñas.
2. Los seres mal queridos quieren mal.
O se enfrentan al amor con ciertas taras que les impiden la entrega
necesaria. Lo que me lleva a una segunda reflexión: ¿Cómo me atrevo a
decidir cuál es el amor verdadero?
3.Las madres son seres tan peligrosos como un kalashnikov abandonado delante de una cárcel.
Y más allá: el amor materno que tanto nos han vendido no es una
condición natural de las mujeres. Hay quien se quiere más a sí misma.
Hay quien detesta haber tenido hijos. Pero está muy feo decirlo, porque
es uno de esos tabúes de los que no se habla demasiado. Mayor aún que el
del incesto.
4.Llevar pantalón de chándal o similar en casa dinamita vuestro glamour. (Yo eso ya lo sabía y me da lo mismo. Hay pantalones de algodón very trendy).

«El hilo invisible» (Phantom Thread), de Paul Thomas Anderson:

1. Oscar al mejor busto para Daniel Day-Lewis. Escultores, tienen entre sus manos la mejor testa y desde luego la nariz más imponente del panorama cinematográfico actual. Day-Lewis es el ejemplo de que los años suman, pese a esa exacerbación de la juventud que nos invade. Esa expresión de llevar dentro una tormenta mezclada con dos pizcas de ternura y varios kilos de neuronas inquietas y en pie de guerra es imbatible.
2.Los hombres con buen pelo envejecen mejor (con la venia de los calvos absolutos). Los vestidazos y la belleza que rodea a su personaje en la película no lograron distraerme de su contundente belleza.
3.El amor dependiente puede ser el más duradero (y también, claro está, el más tóxico).
4.Cuidado con las setas con mantequilla. Las carga el diablo.
5.Los calcetines son la baza del hombre comedido para entregarse sin rubor a la fantasía.

«The Party«, de Sally Potter.

1.La pareja -ese ente frágil- se cimenta en algunas verdades y unos cuantos subterfugios que estallan cuando un acontecimiento los precipita y ya no hay marcha atrás.
2.Kristin Scott-Thomas sería el alter ego perfecto de Daniel Day-Lewis (incluso por sus apellidos compuestos). Los años le han regalado hondura y atractivo. Nadie en su sano juicio dejaría de alzar la vista si ella entrara en la habitación. Suya es la mirada bizca inteligente, y esos ojos líquidos que pueden deshacerse o taladrarte. Implacable. Condundente. Poderosa.
3.La película en realidad es una obra de teatro. E incluye un coitus interruptus final que te deja clavado en la butaca por si era una avería o algo…
4. El espíritu de aquella ¿Quién teme a Virginia Woolf? de Liz Taylor& Richard Burton flota en el aire como un perfume denso de puticlub (olor que desconozco pero imagino. Tal vez en otra vida…).