Ella en ARCO2020
La Artista en ARCO

La sala VIP de ARCO es un showroom semivacío, imponente y sin alma, enmoquetado de elegantes colores y concebido como una boite para señores y señoras elegantes con actitud de “porque yo lo valgo”. Tras la barra del bar, sobre la que respiran cual bombas de quirófano unas lámparas design- brujulean media docena de camareras contratadas para la ocasión, algo atolondradas y dispuestas a atender extravagancias sin menú que las sostenga.

Son las 12.40 horas. “Demasiado tarde para un café, demasiado pronto para una cerveza”, sentencio a mi hija, que escruta la carta con espanto. “Mamá, esto es un timo”. Y yo contemporizo: ”Venga, que es nuestro plan de chicas y hoy vamos a tomar lo que nos apetezca”. Y ella: “Pues yo quiero un vaso de agua, paso de que gastemos esta pasta en un refresco”. Y yo: “Como quieras…”. Y me inclino por la cerveza -quién dijo miedo- y añado al pedido un surtido de sandwiches con la aprobación pasada por la mirada de censura de mi vástaga.
Llega el plato. 8 micropiezas que ella saluda con gesto de “Te lo dije, es un robo” y yo devoro sin piedad. La artista antes llamada Minichuki observa con una seriedad demoledora el panorama circundante:
-¿Qué pasa, hija, no te gusta esta sala? ¿no te mola ARCO?
-Me gusta el arte, pero esto está hecho sólo para ricos. Los artistas trabajan para esta gente absurda que viene a la sala VIP a pagar mucho por poco.
-Hija, nosotras estamos aquí y no somos ricas (y quiero creer que tampoco absurdas). Hoy además es día para público en general, no para coleccionistas -que son los que tienen la capacidad de comprarse el Picasso de más de 6 millones o el Antonio López de 300.000 euros.
-Ya, pero yo creo que la tú puedes estar aquí y ser VIP porque te lo has ganado con tu esfuerzo y tu trabajo, mamá. Ellos solo están por su dinero. Y el artista tiene que crear porque lo siente, no para forrarse.

Adolescencia: esa bendita época en la que los extremos son el aire que respiras. Y donde bajo el maniqueísmo furioso duerme una dosis de verdad. Donde toca raparse el pelo y taladrarse la piel con anillas varias; donde amas a muerte y odias con delirio. Donde para encontrarte y sentirte a veces te das batacazos contra la pared y después exhibes las costras como trofeos de guerra. Donde mientes a saco pero aún no has entrado en el juego adulto de la mentira y donde los buenos modales a veces se lanzan a las barricadas en pro de la justicia. Desde un prisma monocolor y a menudo simple. Pero justicia al fin y al cabo.

Ahora la indignación de la Artista ex Minichuki me saca de la hipnosis colgada de esas lámparas que respiran.
-¿No lo has escuchado? Ese borde ha rechazado la copa de vino que le ponía la camarera y le ha dicho de malos modos que se la llevara. Y encima con una risita ofensiva!
-No lo he oído, hija, pero hay personas maleducadas en todas partes. ¿O crees que la falta de respeto o educación sólo abunda en las salas VIP del mundo?
-Noooo. Ya sé que hay pobres maleducados. Pero los ricos maleducados me dan mucha grima.

ARCO. Esa meca a la que regreso cada año para sentir el latigazo de colores, formas, texturas, ironía, sordidez, clasicismo, extravagancia, corrillos de expertos y neonatos que se han dejado atrapar por el veneno del coleccionismo. Y sí, también exhibicionistas con calcetines de fantasía, perfume de capitalismo obsceno, mucha cirugía estética pasada de rellenos, algo de esnobismo salpicado de risas falsas y lugares comunes. Pero también creatividad. Libertad. Riesgo. Diversión. Provocación. Gentileza.

“Come on, look it closely!”Nos invita un galerista alto y delgado, de barba cuidada y sumamente amable. Obedecemos sin rechistar. Dos piezas que engañan al ojo según te muevas muestran a Vincent Cassel -ese hombre fascinante (para la mujer madura que suscribe) – y a una actriz joven y cool.
-Do you know him? , pregunta el galerista a mi hija, que niega con la cabeza.
-And what about her? Señalando al otro.
-Enma Watson!!!!, responde Ex Minichuki, satisfecha de aprobar el examen con un 5.

Conversaciones con mi hija adolescente en la sala VIP de ARCO

Y el hombre solícito nos invita a acercarnos a otras piezas y a tocarlas -son de una piel exquisita- y nos despide con una sonrisa que es un símbolo y cambia la actitud de mi adolescente como por arte de magia. Hay gente educada en este mundo «apestoso» según sus estándares radicales. Y a partir de ese momento me coge del brazo o de los hombros, me permite sacarle fotos y, en un acceso de ternura, me regala estas palabras:

-Gracias, mamá, por este plan. Me está gustando mucho.

Y es tan profundamente VIP la sensación que nos hacemos una foto extraña delante de una pieza de arte que es un espejo desfigurado que te ofrece la realidad que imagines en pátina de plata. Y ahí estamos las dos, y es puro arte.