Hay cosas que siempre hago in extremis: Pagar el impuesto de la basura a Gallardón, coserle un roto en el uniforme a Minichuki, comprar los regalos de Navidad y pintarme los labios.

Hoy lo pensaba mientras sacaba la barra de Chanel rojo sangre y me miraba en el espejo del ascensor, donde tienes que ser Kate Moss para no parecer una vampira jubilada. Esa luz blanca y mortecina me devolvía una cara extraña, muy 2012. Y pensé que este año me ha pesado y que la piel lo acusa, y también el brillo de los ojos.

Cierto es que con los labios rojos nada malo puede suceder. O esa extraña fantasía albergo. Pero este año a mi alrededor han ido cayendo peones del ajedrez, mientras yo custodiaba la torre con los dientes apretados.

(Tampoco he ingresado un euro al plan de pensiones. Llegaré tarde, Hacienda no tendrá compasión de mí).

Mi familia bien, gracias. Han superado el año con trabajo, con amor. El saldo de salud, algo más ajustadillo porque hay quien sufre mareos sin razón aparente y se ha pasado 365 días de médico en médico, de brujo en brujo…y tiro porque me toca. Y una se pregunta si en la trilogía de la felicidad presunta el orden de factores no altera el producto.

Veamos: ¿sin salud te da lo mismo el dinero? Más que nada porque no puedes disfrutar de los placeres mundanos, pero siempre podrás contratar un enfermero que te mime hasta la extrema unción, y un hospital tropical con vistas a la playa y con el gotero decorado con palmeras.

Y el amor sin salud es una mierda, claro, porque extirpa el plano físico y te condena a hacer manitas bajo las sábanas.

Pero es amor, al fin y al cabo.

Dinero. Si lo tienes, porque lo tienes. Si te falta, porque te falta. Después de mucho pensar he llegado a la conclusión de que lo ideal es tener lo justo para vivir y un poco más. O sea, una escapada cada mes y medio a un hotel rural, algún restaurante con amigos donde no tener que escrutar la carta en busca del plato más barato. Y algún capricho en zapatos, en mi caso.

Amor. Esto sí que sí. Dice mi gurú Susan Miller http://www.astrologyzone.com/que tendré que esperar hasta 2014, y se me hace un poco largo. Mi amigo el Pirata se ofreció el otro día para buscarme un novio y le di carta blanca. «Tú necesitas un hombre muy culto, no?», insistía. «Yo necesito alguien que me abrace, que me llame, que me pregunte y que no critique el volumen de mi zapatero. Que no mienta, que no utilice el adjetivo emblemático, que se ría, que ya se haya divorciado, que ya sea padre preferiblemente, que esté ocupado, que haga deporte, que huela bien, que tenga una pasión o varias, que les guste a mis amigas…»

Paré. Tengo buena salud. Llego a fin de mes incluidos los pequeños excesos. Vamos a no reventar la caja de los deseos, que la avaricia rompe el saco. 

Feliz 2013, damnificados del 2012

(Tampoco he comprado los ingredientes de la cena de esta noche. tarde, siempre tarde)