The marvelous Mrs Maisel

Un libro me ha mirado de reojo todos estos días. Me lo regaló M. Con una dedicatoria que habla de risas compartidas y futuro. De caminos y alegría. Hace poco le envié la canción “Y tan contenta” de Paco Ortega, porque me parece que la retrata y me retrata. La he bailado desde que hace años fui con una amiga a ver “Cleopatra”, deliciosa película de Eduardo Mignogna que pasó sin pena ni gloria por los cines pero que reivindico porque cuenta una historia de libertad y alegría encarnada en una mujer madura que decide seguir su impulso de rebeldía bien pasados los sesenta.

Hoy de madrugada le di un tiento al libro. “Mujer en punto cero”, de Nawal el Saadawl (Capitán Swing). Una biblia de la libertad en tiempos de opresión, del feminismo encarnado en una mujer octogenaria y egipcia que en su exilio ha dado clases de “creatividad y rebeldía”. De inmediato simpatizo con ella.

Ser creativa, ser rebelde. Mejor ambas cosas a la vez. Como Cleopatra. Como Nawal. Me gustaría pensar que como yo misma.

Y luego está lo de la amistad entre mujeres. Y esa sororidad, preciosa palabra por la que algunos litigan en las redes sociales. Parece sospechosa de algo, pero que se escapan los motivos. Soy mujer de amigas, mis hijas también. Encuentro en ellas el consuelo, la esperanza, la intimidad profunda y sin malos entendidos. Tengo muy buenos amigos, desde luego, pero son minoría. No ha sido algo buscado, lo prometo. Simplemente ha sido.

Estas vacaciones que ya languidecen he visto una película –“La verdad”– que habla de la tortuosa relación entre dos mujeres, una madre y una hija (Catherine Deneuve y Juliette Binoche, magníficas y eso que la primera no consigo que me caiga bien haga el papel que haga). Los celos, la rivalidad, el desamparo, la mezquindad, el peso atroz de los recuerdos; la necesidad del perdón para superar todo ello. La atmósfera del hogar cuando el aire más parece mercurio y los hombres son en apariencia atrezzo.

Otro día mis pasos me llevaron a levitar delante de algunas mujeres en los cuadros de Boldini, Ramón Casas, Madrazo o Fortuny. La exposición de la Fundación Mapfre “El espíritu de una época. Boldini y la pintura española a finales del siglo XIX” es un canto a la Mujer. Al rojo vivo. A la furia o a la languidez. Al desconsuelo. A las convenciones asumidas y a las fantasías insinuadas. Al poder. Bien podía haberse titulado “Todas las Mujeres. Boldini o el eterno femenino”, se me ocurre.

(Una más. Mi top serie de estas navidades la protagoniza una mujer y tiene lo mejor del humor inteligente, la crítica social, la ternura y el chic de los años 50: «The marvelous Mrs Maisel» (Amazon Prime). Por favor, no os la perdáis!!!!). Mujeres que rompen las convenciones del upper st neoyorkino para ser ellas mismas. So cool!

Termino. Ayer mi casa volvió a su condición de gineceo. Mi padre regresó a su refugio de montaña tras abrazarnos con fuerza y ojos húmedos. Hacía una mañana gélida y me dirigí al Jardín Botánico en busca de un hombre que me encanta, Chema Madoz, y su rebeldía fotográfica contra la cotidianidad evidente. Su búsqueda irónica del doble sentido de las cosas. Sus juegos de humor o de capricho inteligente. Tiritaba delante de cada foto y pensé que las estufas frías se llaman así con buen criterio.

Chema Madoz

Las plantas en invierno dormitan como osos y hay tristeza en los alcorques o en los rosales espinados a la espera de flor. Madrid y la Cultura tras el Madrid de las compras locas navideñas. Agitado, histérico, obsceno y desinhibido. Así que crucé el Paseo del Prado y brujuleé por la calle Cervantes, Lope de Vega hasta coger la calle del León, una de mis favoritas. Me pareció que tras un año de retiro rural los fines de semana volvía a enamorarme del asfalto y el arte. Me regalé un caldo caliente, decidí revisitar la expo del Thyssen “Los impresionistas y la fotografía” antes de que la quiten. Y antes de que la vorágine me devuelva el ansia de chimenea y campo. De lectura y paseo con mi Bronte. De baile al son de “Cleopatra”, desbaratada de planes y propósitos. Rodeada de amigas, como siempre.

«Como un sendero del bosque
que, poco a poco, se va borrando.
Y así, se me va la vida, buscando…
Buscando en la espesura;
buscando a tientas;
buscando una salida,
y toda una vida,
sin darme cuenta.Buscando la salida;
buscando mi destino;
buscando a tientas.
Soñando un bosque abierto,
y un cielo inmenso
que me estremezca.
De dentro a afuera,
me espera otra mujer,
que soy yo misma;
me espera un corazón,
mi propio corazón.
Y tan contenta…
Y tan contenta…
Y tan contenta…
¡Ay, qué momento!
¡Ay, qué momento!,
para que a mí me estallen
los sentimientos.
¡Ay, qué momento!
¡Ay, qué momento!,
para que a mí me estallen
los sentimientos.
Buscando una salida,
dentro de mi alma;
buscando fuerza,
que tire para arriba
toda la vida;
que me estremezca.
Buscando en la espesura;
buscando a tientas;
buscando la salida,
y toda la vida,
sin darme cuenta.
Y tan contenta…
Y tan contenta…
¡Ay, qué momento!
¡Ay, qué momento!,
para que a mí me estallen
mis pensamientos.
¡Vaya momento!
¡Vaya momento!,
para que a mí me estallen
mis sentimientos».