En estos días en los que el asunto del machismo es portada, en los que las portavozas piden su derecho a enmendar la plana a la Academia. En los que los abusos reales o presuntos de hombres muy famosos han desatado una cierta caza de brujas; en los que se arrojan tantos mensajes oportunistas, confusos, exacerbados que prenden y se viralizan… En los que a mi hija adolescente alguien muy cercano la calificó de «feminista» como un insulto. En los que todo se mezcla y no de manera inocente.

He pensado que:

1.Las mujeres -y también los hombres- no debemos permitir ni media aproximación no consentida. Pero seríamos tontas/os si renunciáramos a seducir y también a ser seducidas. (Y creo que el único baremo para juzgar dónde termina una caricia deseada y dónde empieza un sobeteo indeseado, qué es un piropo y qué un comentario rijoso es el personal de cada uno).

2.Las mujeres -y también los hombres- deberíamos utilizar bien las palabras para no devaluarlas. Machismo (RAE):

De macho1 e -ismo.
1. m. Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres.

2. m. Forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón. En la designación de directivos de la empresa hay un claro machismo.
(O sea, que no creo que sea machista tratar de involucrar  a una política  en una trama política insinuando que ella y otro señor de su partido implicado en dicha trama tuvieron un affaire. Será falso, lesivo del honor, delictivo…etc

3.Las mujeres -pero también los hombres- debemos educar a nuestras hijas -e hijos- con el ejemplo. Las palabras no bastan, me parece.  Y debemos ganarnos el respeto. Eso que ayudará a evitar los abusos y toda forma de discriminación. Hablo de una «cultura de la igualdad». ¿Que para llegar a ello haya que patalear, denunciar, increpar? Es posible. A veces. Pero midamos los gestos y las intensidades para que no se nos vuelva en contra. Seamos justos y justas (en el sentido de justeza, no solo de justicia).

4.Las mujeres debemos más que nunca ser autónomas e independientes. Debemos no avergonzarnos de competir por un puesto. Debemos pedir menos permiso y seguramente menos perdón. Debemos no utilizar el comodín de la mujer del siglo pasado cuando nos interese en este siglo. No somos débiles. No lo finjamos a veces serlo para conseguir un objetivo.

5.Las mujeres no podemos considerar que un hombre, un marido o padre de tus hijos, es un sueldo Nescafé para toda la vida. Y a riesgo de ser dilapidada iré más allá:  Salvo casos concretos, en los que defender al débil -sea hombre o mujer-  es de justicia, en una separación todos perdemos. Nosotras y vosotros. Y toca remangarse más que nunca, no esquilmar el bolsillo ajeno a costa de los niños, del amor que un día fue…

6.Las mujeres no queremos ser cuotas. Odio las cuotas pero empiezo a entender que a veces sean necesarias. Me abrió la mente una Fiscal (no fiscala) General del Estado a la que argumenté mi oposición a las cuotas porque si se forzaban y entraban candidatas mediocres serían destruidas por las críticas y perderíamos todas. «Ah, ¿pero no tenemos derecho a ser mediocres, igual que muchos hombres que sí acceden a los puestos?», me rebatió. Y pasépalabra.

6.Las mujeres, queridos hombres, somos vuestras compañeras. Disminuirnos o ser paternalistas o condescendientes con nosotras no es aceptable. Es machista, incluso micromachista,  y no vamos a consentirlo.  Con eso nos hacemos un favor, y os lo hacemos a vosotros. Y a nuestros hijos, y a nuestras hijas.

7. Estamos en el camino. Todo este ruido pasará a ser murmullo, espero, y entonces será el tiempo de la cordura y de las palabras limpias y serenas. Entenderemos que machismo y feminismo no son términos equivalentes. El primero nos hiere (a todos y a todas). Para el segundo , me permitiréis que vuelva al diccionario:

1. m. Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre.
2. m. Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo.