Y un día, tal vez en un encuentro casual,  alguien te pregunta: ¿Qué estás haciendo ahora? ¿Qué ha pasado desde que ya no estás allí?

(Esto me sucede una o dos veces cada semana).

Y te ves contestando que ahora desayunas ODS. Que no es una marca de cereales cool, sino la fórmula para que el Planeta sea más humano, más solidario y más próspero. Que has pasado de una ignorancia casi total -tú, que te creías tan informada- a un ¿cómo es posible que no supiera todo esto?

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible son las modernas tablas de la ley para todos, ateos y creyentes. Países ricos y pobres. Nacieron en 2015 y están en el enorme vestíbulo de la FAO (Food and Agriculture Organization), de Naciones Unidas, representados en una gigantesca circunferencia que cada vez que piso en mis viajes de trabajo a Roma me impresiona por su solemnidad.  
Hablan de medioambiente, de hambre cero, de educación de calidad, de paz y justicia, de consumo responsable, de ciudades sostenibles, de trabajo decente o de igualdad de género.  Cada uno de ellos incorpora una serie de metas y se miden con indicadores porque sin datos ni estadísticas no hay pruebas del esfuerzo y sería dejarlo en un catálogo de buenas intenciones. O sea, en los Diez Mandamientos de Moisés.

Los ODS los han firmado casi 200 países. España entre ellos. Y con esa firma se comprometen a trabajar para que cada decisión que se tome se impregne de estos compromisos.Y una vez al año se celebra una reunión global en la que a todos les preguntan: ¿Qué has hecho al respecto? Y unos han cumplido más que otros. Y a nadie le pueden detener por no hacerlo. Pero hay un compromiso moral y explícito que está haciendo avanzar algo al Mundo a pesar de todo. Y todos podemos adaptar nuestro estilo de vida a sus mandatos.

Mi cuaderno verde

(Y te dirán que la ONU es una institución  imperfecta. Que a veces sale en los telediarios involucrada en asuntos feos. Que es pura burocracia. Que… Y tú dirás, porque ahora tienes la suerte de mirar un poco más cerca, que claro que es muy mejorable pero que sin ella todos viviríamos mucho peor. De esto estás segura).

Así que me siento orgullosa de colaborar con Naciones Unidas, con la FAO. Porque me ha abierto la mirada y ahora entiendo que cualquier organismo público o privado en el mundo debería trabajar con los ODS encima de la mesa -me consta que muchas lo están haciendo ya-. Por ejemplo, cuando se asientan en un edificio inteligente que ahorra energía y cuyos puestos de trabajo tienen luz natural (creo que el Grupo Bacardí lo acaba de hacer en Barcelona) o cuenta con espacios verdes, médico, pistas de deporte o guardería (el Banco Santander construyó su propia ciudad con estos mimbres). O cuando fabrican cosméticos sin parabenos. O cuando establecen políticas de no discriminación de género o amables con la conciliación para ellos y ellas. O cuando premian a los escolares que no desperdician alimentos en el colegio…

Mi vida hoy

Esta es una de las cosas que hago. Escribir y editar libros sobre asuntos que nos hacen la vida mejor. Y ahora tengo una visión privilegiada del mundo en el que vivo y sobre todo del mundo en el que querría vivir. Y ese conocimiento me va a servir para trabajar en cualquier sitio. Estoy segura.

Pero no es todo lo que hago… («be multitasking»)

Del verano acá he escrito mucho en un precioso cuaderno verde de Montblanc que me regalaron días antes de cambiar de vida. Si lo perdiera el que se lo encontrara pensaría que soy un circo de mil pistas. Allí apunto mis citas de trabajo, una lista con gente con la que haría mi «dream team». El desarrollo inicial de una serie de televisión que anda por algún despacho; El guión de la clase de Storytelling que daré en un máster de la Complutense. Una lista de reducción de gastos domésticos nada dramática. Otra, de mis fortalezas y debilidades con la que actualicé mi CV.  Títulos para una posible columna periodística, con sus correspondientes temas.  Proyectos para proponer a fundaciones y empresas. Un interrogante subrayado: ¿»quality/ influencer«? Un curso on-line de la Fundación Rafael del Pino que empiezo ya mismo…

Una lista de intereses: Mujer y género aplicado a empresas. Liderazgo. Cultura. Comunicación. Branded content. Lujo moderno. «Deseducación. La mujer y el hombre sostenible (para chicas jóvenes y mujeres bregadas)». Y otros títulos que mejor no pongo porque requieren explicación y por no dar ideas.

Estoy rodeada de talento y esto debería aparecer en mi Currículum Vitae. Formo parte de un grupo de liderazgo femenino que me alumbra y me hace mejor y de una asociación de Mujeres que me dan cien vueltas con sus mentes brillantes. Ninguno de los dos colectivos considera al hombre su enemigo, sino su cómplice necesario. Somos «think-tank» imparables  (aunque decir tanques no sería desencaminado).

Estoy escribiendo mi segundo libro, una novela, a unas horas en las que los monjes rezan maitines y los insomnes juran en hebreo.  El primero se llama «La Vida en Cinco Minutos»(Ed. Círculo de Tiza) y también podría ser un C.V, ahora que lo pienso.

Soy madre de dos hijas. Una de ellas adolescente (esto puntúa doble). Y un perro cocker spaniel (también puntúa doble, por lo que se mueve).Cumplí hace poco mi sueño de tener una casa de pueblo con patio y chimenea.

El día que cambié de vida llevaba un vestido azul sin costuras y afuera apretaba el calor. Sentí que tenía muchas cosas de hacer y no he perdido un minuto. Soy optimista y me excitan los retos. Veo siempre oportunidades a mi alrededor, no gente poniéndome la zancadilla. A veces tengo miedo, desde luego.

Me siento responsable como nunca de dejar una huella que mejore una micra la sociedad en la que vivo. 

Tengo mucha suerte. Y agradezco el empujón que me sacó de una órbita para moverme en otras, aunque a veces me maree porque aquí no hay confort que valga.

Ah, y estoy abierta a lo que venga. Una vez que haces puenting ya no te asustan las alturas.