“El mundo está erizado de peligros”, decía Lucia Berlin y me lo cuenta su hijo Mark, autor de uno de esos prólogos que son en sí pura literatura donde el hijo no intenta reescribir la figura de la madre y darle un toque épico, dulzón o justificatorio sino que se nota que la tiene asumida. («Ojalá mis hijas me asuman algún día», se me escapa…